Por primera vez un estudio relaciona la contaminación ambiental y la exposición a tóxicos con la pérdida de fertilidad femenina en mujeres de menos de 40 años que acusan una menopausia precoz, todavía tienen el periodo pero apenas reserva ovárica por culpa de los contaminantes.

Hasta ahora solo se había logrado relacionar la contaminación ambiental con la calidad del semen y esterilidad masculina. Son muchos los factores que influyen en la pérdida de fertilidad de la mujer, uno de ellos son los contaminantes y tóxicos producidos en las zonas industrializadas, que provocan una bajada de la reserva ovárica de mujeres potencialmente fértiles.

Esta reducción de la fertilidad se atribuye en un 20% a factores clásicos como la herencia genética, enfermedades cromosómicas, dolencias autoinmunes, endometriosis y quimio  y radioterapia, mientras que el 80% restante se debe a dioxinas, pesticidas, tabaco, plomo, hidrocarburos aromatizados, diseños policromados y disruptores estrogénicos.

De hecho la pérdida de fertilidad femenina a menudo empieza en el útero, a los cinco meses del feto (niña) ya tiene toda la reserva ovárica, si en la grasa de la madre se acumulan muchos tóxicos esta reserva es menor y tendrá peor calidad.

 

Visto en Europa press 28/04/2012.

La probabilidad de concebir de las mujeres obesas se reduce en un 5% por cada unidad de IMC que supera la cifra de 29.

 

“Todas las mujeres con un índice de masa corporal (IMC, el resultado de dividir el peso en kilogramos entre la talla en metros al cuadrado ) mayor de 30 deberían saber de la dificultad que entraña el sobrepeso para quedarse embarazadas y de los potenciales riesgos de la gestación en estas condiciones”, explica el Dr. Florentino Garrido, vicepresidente de la Asociación Nacional de Clínicas de Reproducción Asistida (ANACER), quien subraya que retrasar las técnicas de reproducción asistida en mujeres de más de 38 años obesas “podría ser más perjudicial para la fertilidad de la pareja que el propio exceso de peso”. Según los datos de que dispone esta asociación, el sobrepeso afecta a entre el 30% y el 40% de las parejas en edad reproductiva.

Un estudio publicado en la prestigiosa revista Human Reproduction sostiene que la probabilidad de concebir de las mujeres obesas se reduce en un 5% por cada unidad de IMC que supera la cifra de 29. Incluso un IMC mayor de 24, que ni siquiera llega al grado de sobrepeso (éste se alcanza a partir del IMC 25), se ha visto asociado a una peor calidad ovocitaria y menor tasa de implantación y gestación, además de mayores tasas de abortos.

Sin embargo, aunque el sobrepeso afecta a la capacidad de reproducción, no influye en los embriones una vez que se consigue la gestación con técnicas de reproducción asistida. “Así se ha demostrado en la fecundación in vitro (FIV)”, recalca el Dr. Francisco González, responsable del Comité Científico de ANACER.

Este especialista añade que “el punto de cruce entre el sobrepeso y la infertilidad es la resistencia a la insulina, una de cuyas manifestaciones puede ser la anovulación crónica hiperandrogénica, que en el 80% de los casos produce infertilidad”. Sin embargo, la anovulación ligada a la esterilidad femenina no siempre se debe a esta causa y puede estar provocada por exceso de determinadas hormonas, entre otras razones.

Prevenir el síndrome de hiperestimulación ovárica

Una de las alteraciones ginecológicas más asociadas a la obesidad y, por lo tanto, al síndrome metabólico, es el síndrome de ovarios micropoliquísticos. Ocho de cada diez mujeres que los padecen (se calcula que entre un 6% y un 10% de las féminas en edad reproductiva), presentan problemas de infertilidad. “Si además se presentan alteraciones de ciclo, hiperandrogenismo e hiperinsulinemnia, un régimen de vida y una dieta adecuadas, además de la utilización de metformina, pueden mejorar los resultados de FIV y ayudar a prevenir el síndrome de hiperestimulación ovárica, riesgo importante en este tipo de pacientes”, explica el Dr. González.

El síndrome de hiperestimulación ovárica (SHO), asociado a la administración de hormonas que inducen la ovulación en los tratamientos de reproducción asistida, provoca síntomas que pueden ir de más a menos graves, pero con un importante impacto en la calidad de vida.

Para ilustrar la forma como incide la obesidad en la reproducción asistida, el vicepresidente de ANACER señala que en países como Nueva Zelanda limitan el acceso a tratamiento de reproducción asistida a mujeres con un IMC mayor de 32, y la Sociedad Británica de Fertilidad aconseja un IMC normal antes de iniciar un tratamiento, “que siempre debería retrasarse hasta que la mujer no baje del IMC 35 o 30 si la paciente tiene menos de 35 años y un nivel de hormona folículo estimulante (FSH) normal”.

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La donación de ovocitos no perjudica a la fertilidad de la donante, es una afirmación promulgada desde hace largo tiempo, sin embargo recientemente algunos expertos cuestionaban si la estimulación ovárica a base de hormonas a la que se someten las donantes (la misma que una mujer que pasa por un tratamiento de reproducción asistida) podría incrementar sus posibilidades posteriores de infertilidad.

Un reciente estudio publicado en el ultimo número de la revista "Fertility and Sterility", sobre 194 pacientes (de una media de edad de 30 años) donantes de ovocitos en el Centro de Medicina Reproductiva de Bruselas (Bélgica), que se habían sometido a estimulación ovárica y posterior extracción ovocitaria entre 1999 y 2010. La encuesta fue llevada a cabo entre cuatro o cinco años después de la donación.

Del total de mujeres entrevistadas, 60 declararon haberse intentado quedar embarazadas tras donar sus ovocitos. De ellas, 57 lo consiguieron sin buscar ayuda, mientras que tres de ellas sí recurrieron a tratamientos de reproducción asistida, aunque en dos de los casos la infertilidad se atribuyó a su pareja.

Por lo tanto se concluye que no hay evidencias de una menopausia precoz.

Aunque el 16% de las donantes mostraron cambios en su ciclo menstrual tras la donación, ninguna de las que sufrió esta alteración tuvo después problemas de fertilidad. Esto esta justificado por los cambios hormonales que provoca la estimulación ovárica, igual que sucede cuando se deja de tomar anticonceptivos orales.

Como siempre decimos en estos caso, es necesario un estudio a largo plazo y en una población de muestra más grande, pero los resultados apuntan a lo que siempre  se ha considerado, que la donación de ovocitos no perjudica para nada a la propia fertilidad de la donante y que la dosis extra de hormonas que se aplica a las donantes de ovocitos no implica la aparición de menopausia precoz.

Es interesante remarcar que no se puede extrapolar estos resultados a las mujeres que congelan sus ovocitos para retrasar voluntariamente su maternidad, ya que las donantes son seleccionadas precisamente por la salud de sus ovarios. Por lo tanto este estudio no es representativo de la población femenina en su conjunto.

Fuente: Fertility and Sterility

El 63% de las parejas españolas que acuden a un centro de fertilidad para someterse a un tratamiento de reproducción por primera vez prefieren tener gemelos antes que un hijo único, según refleja un estudio del Instituto Marqués de Barcelona.

Sin embargo y pese a los deseos de las parejas de acabar con su "sentimiento de esterilidad" con un nacimiento doble y lograr así la ansiada pareja de hermanos, desaconsejamos esta opción dado los riesgos que conlleva un parto gemelar, a lo que hay que sumar la habitual edad avanzada de la mujer, entorno a los 40 años, donde el riesgo de hipertensión, diabetes, anemia y parto por cesárea es mucho mayor. Tambien los riesgos de prematuridad, retraso de crecimiento y mortalidad perinatal de los niños aumenta.

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Un nuevo estudio relaciona extrechamente la infertilidad con los malos hábitos de vida, tales como el tabaco, el alcohol, el estrés y algunos medicamentos.

El informe francés, que se publicará en las próximas semanas, ha tomado como muestra a 348 parejas que recurrieron a técnicas de reproducción asistida en 43 departamentos franceses. El objetivo era determinar el peso de sus condiciones medioambientales y su modo de vida sobre la infertilidad. En el estudio se observó que los participantes, todos con problemas de fecundidad, consumían más alcohol que la media de la población, más tabaco (el 40 % de las mujeres y el 52 % de los hombres), y más cannabis (el 6,9 % de las mujeres y el 13,3 % de los hombres).

Asimismo, se observó que eran personas con problemas de estrés ligados al trabajo y al propio acto sexual, ya que ante la dificultad para concebir un hijo concentraban el sexo en los periodos de ovulación y, en el caso de los hombres, sufrían una presión suplementaria a la hora de practicarlo, lo que hacía aún más complicado lograr un embarazo.

Además recurrían a algunos medicamentos como antidepresivos o aquellos para impedir la caída del cabello, que también incrementaban sus problemas de fertilidad.

El informe señala que gran parte de las dificultades a las que se enfrentan las parejas con problemas para tener hijos se resolverían con actitudes más saludables y con la prevención. Según las propias conclusiones del estudio, la fertilidad de los pacientes que aceptaban cambiar sus malos hábitos mejoraba entre tres y seis meses después.

De hecho, en ese intervalo de tiempo se produjeron un 35 por ciento de embarazos espontáneos, sin ningún tratamiento de estimulación de la fertilidad de por medio.

El principal problema es la edad de la mujer: ser madre se complica a partir de los 30 años, por ello es importante mejorar los hábitos alimentarios y sociales, para evitar "tratamientos costosos e inútiles, incluyendo la fecundación in vitro", que podrían eludirse simplemente "apostando por la prevención".

Fuente: Agencia EFE

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